El Tribunal Constitucional (TC) ocupa en el sistema constitucional español un lugar sin equivalente: es el intérprete supremo de la Constitución, y sus sentencias vinculan a todos los poderes públicos, incluido el propio legislador. Una ley aprobada por mayoría absoluta del Parlamento puede ser anulada si el TC la considera inconstitucional. Este poder inmenso es también su principal punto de tensión política.
El TC no es un tribunal ordinario: no juzga hechos sino normas. Sus cuatro grandes competencias son: el recurso de inconstitucionalidad (control de las leyes), el recurso de amparo (protección de derechos fundamentales), los conflictos de competencia (entre Estado y CCAA) y los conflictos entre órganos constitucionales. Esta última competencia lo convierte en el árbitro último de los grandes conflictos entre poderes.
Su composición (Art. 159) —doce magistrados elegidos por el Congreso, el Senado, el Gobierno y el CGPJ— garantiza cierta pluralidad política, pero ha generado crisis repetidas cuando los grupos políticos no logran acordar los candidatos en plazo. La renovación por tercios cada tres años busca mantener una cierta continuidad.
Test: El Tribunal Constitucional
Composición, competencias, recurso de amparo, inconstitucionalidad y efectos de las sentencias.